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	<title>Eugenio Tironi</title>
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		<title>Mark &amp; Steve</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Feb 2012 17:03:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>

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		<description><![CDATA[Siempre sospeché del discurso acerca del &#8220;emprendimiento&#8221; y la &#8220;innovación&#8221; de los gurús del management . Nunca creí que fuesen aptitudes que se puedan fabricar o entrenar sobre la base de cursos, seminarios y coaching . Tampoco, desde luego, que el impulso para quebrar la inercia, crear algo nuevo, conseguir adhesión y conformar organizaciones que
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Siempre sospeché del discurso acerca del &#8220;emprendimiento&#8221; y la &#8220;innovación&#8221; de los gurús del management . Nunca creí que fuesen aptitudes que se puedan fabricar o entrenar sobre la base de cursos, seminarios y coaching . Tampoco, desde luego, que el impulso para quebrar la inercia, crear algo nuevo, conseguir adhesión y conformar organizaciones que lo materialicen brote del mero marco institucional -por ejemplo, la competencia, el acceso a capital o la cercanía a universidades-. Ayudan, desde luego, pero siempre pensé que había otros factores más profundos para la innovación y el emprendimiento, y que son pasados por alto por el fastidioso discurso oficial.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando vi &#8220;Redes sociales&#8221;, el filme de David Fincher, esas aprensiones me parecieron justificadas. Él trata sobre la invención de Facebook por el estudiante de Harvard Mark Zuckerberg. ¿Qué lo condujo, según el filme, a la creación de un dispositivo que ha cambiado las relaciones humanas? Nada que aprendiera en las aulas de la universidad. Nada, tampoco, que tuviese que ver con el entorno competitivo, o el deseo de ganar dinero, poder o influencia. Lo que lo impulsó fue el despecho. Inventó Facebook para demostrar de cuánto él era capaz a su ex novia, Erika, quien lo había &#8220;pateado&#8221; por nerd , y de paso humillar a las mujeres. O sea, ni siquiera fue el amor; fue el rencor, algo bastante menos noble. Luego, lo que le hizo seguir adelante contra viento y marea, incluso quebrando con sus mejores amigos, fue otro sentimiento que tiene poco que ver con lo que se enseña en los MBA: el deseo de terminar con la discriminación de la que se sentía objeto en Harvard por ser judío.</p>
<p style="text-align: justify;">Por lo dicho, siempre me molestó la apelación a Steve Jobs en todo texto o discurso sobre innovación y emprendimiento que se emita en el planeta. No podía ser -pensaba- que la revolución encarnada por Apple fuese fruto de un mesías. O de un entorno tan insulso como Silicon Valley. Tenía que haber algo más. La sospecha me llevó a hincarle el diente a la biografía encargada por Jobs a Walter Isaacson, publicada poco después de su muerte. La que terminó por corroborar lo que intuía: que en el caso de Jobs, al igual que en el de Zuckerberg, los factores biográficos y emocionales son claves para comprender su obra.</p>
<p style="text-align: justify;">Como es sabido, Jobs fue un hijo abandonado por sus padres, una joven descendiente de alemanes y un profesor de ciencia política sirio. Fue adoptado por una pareja formada por un ingeniero apasionado por la mecánica, y una dueña de casa. La relación con ambos fue excelente, pero no por ello dejó de interrogarse sobre aquello que se pregunta todo hijo adoptado, cuando brota la necesidad de constituir una identidad propia: saber por qué fue abandonado por sus padres biológicos. Jobs nunca encontró la respuesta, y esto explica por qué la búsqueda de su propia identidad guió su vida hasta el día su muerte.</p>
<p style="text-align: justify;">De hecho, Jobs decía a sus amigos que su vida estaba movida por la pena de haber sido entregado en adopción y no saber nada acerca de sus padres: lo necesitaba -agregaba- para poder conocerse a sí mismo. Ensayó todo tipo de sucedáneos: las drogas, el budismo, las terapias alternativas, el sexo libre, las dietas vegetarianas. Ya adulto se reencontró con su madre biológica y con su hermana; pero se negó a hacerlo con su padre.</p>
<p style="text-align: justify;">Sobre Jobs se han destacado su búsqueda de reconocimiento, su incapacidad de ponerse en el lugar de los demás, su deslealtad hacia los pares, su indiferencia a la mentira, su manía perfeccionista, su permanente fuga hacia delante. ¿Son los rasgos de un genio, o de la ecología capitalista americana? No; son los rasgos de un niño abandonado que busca los ojos de su madre. Ellos le ayudaron a Jobs a crear Apple; tal como el rencor condujo a Zuckerberg a inventar Facebook.</p>
<h6>Imagen extraída de: <a href="http://turankeo.com/steve-jobs-le-gustaba-la-red-social-de-facebook/">http://turankeo.com/steve-jobs-le-gustaba-la-red-social-de-facebook/</a></h6>
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		<title>Relato y Biografía</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 15:02:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>

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		<description><![CDATA[Un conocido me entregó días atrás un papel que había encontrado tirado en un Starbucks en las inmediaciones de La Moneda. Él presume que fue dejado por uno de los jóvenes asesores que hoy pululan en el palacio de gobierno. No me consta, pero suena plausible. Por lo mismo, en estos días de verano en
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Un conocido me entregó días atrás un papel que había encontrado tirado en un Starbucks en las inmediaciones de La Moneda. Él presume que fue dejado por uno de los jóvenes asesores que hoy pululan en el palacio de gobierno. No me consta, pero suena plausible. Por lo mismo, en estos días de verano en que las energías escasean, me he tomado la libertad de usar este espacio para transcribirlo.</p>
<p>&#8220;Tengo 28 años. Saqué economía en la PUC, y luego me fui a Harvard a estudiar políticas públicas. Es algo que siempre me interesó. Viene de mi padre. Él también salió de la PUC, pero hizo su post-grado en Chicago. Trabajó cinco años en el gobierno militar diseñando y ejecutando las reformas económicas que hicieron a Chile lo que es hoy. Esto lo llena de orgullo. Desde chico soñé con hacer algo semejante.</p>
<p>Volví a Chile y rápidamente encontré trabajo en un banco de inversión. De pronto me descubrí embalado en un tren de vida que ni siquiera había imaginado. Pero aún me picaba el bichito de la cosa pública. Me atrajo Piñera por sus ideas y su energía. Colaboré con los grupos Tantauco, donde llegué a sentir lo que deben haber sentido los autores de &#8220;El Ladrillo&#8221;: estar forjando las ideas que sacarían a Chile del estancamiento al que lo había sometido la Concertación.</p>
<p>Me ofrecieron ser asesor del ministro xxx (el nombre prefiero omitirlo). Significaba bajar mis ingresos a un cuarto, pero era la ocasión de materializar mi vocación pública. Estaba en la duda, ante lo cual decidí pedirle consejo a mi padre. Habíamos tenido diferencias. Él se quedó pegado en ideas que ya tienen casi medio siglo. Se había opuesto a que fuese a Harvard, porque la considera muy &#8220;liberal&#8221;: quería que siguiera sus pasos en Chicago. Me negué, y esto trizó nuestras relaciones. Tampoco le gusta Piñera: considera que se hizo rico mientras él y otros como él sacaban adelante el modelo. No obstante, me persuadió a dejarlo todo y embarcarme en el gobierno. &#8220;Si no lo haces&#8221; -me dijo- , &#8220;te arrepentirás por el resto de tu vida. Uno dispone de muy pocas oportunidades para dejar una marca en la historia, y cuando esta posibilidad existe, hay que tomarla, no importan los riesgos ni los costos. No hay mayor patrimonio que tal experiencia&#8221;.</p>
<p>Completaré dos años en el gobierno. Éste ha hecho muchas cosas, pero no veo que esté dejando una marca. Cualquier intento choca con que &#8220;hay que cuidar la Coalición&#8221;, &#8220;no hay piso político&#8221;, &#8220;miren las encuestas&#8221;. Mi padre siempre me lo saca en cara, lo que me irrita. Siento que se vanagloria de la superioridad de su generación (y de paso, de Chicago).</p>
<p>La generación de mi padre se puso como misión liberar la economía chilena de las distorsiones provocadas por un Estado ultra-regulador. Los afectados se opusieron, pero fueron derrotados. Los resultados están a la vista. Ahora pienso que nuestra misión bien podría ser liberar a la política chilena de las distorsiones producidas por un sistema electoral ultra-regulado. Sería recoger la posta de los Chicago, y llevarla más lejos. Acabar con el bi-nominal podría ser a la estructura política lo que acabar con el proteccionismo fue a la estructura económica. Si ayer hubo que vencer las resistencias de los favorecidos por el proteccionismo económico, ahora habrá que vencer las resistencias de las minorías favorecidas por el proteccionismo político. Quizás nosotros seamos derrotados; pero esto es preferible a quedar como pusilánimes o cobardes.</p>
<p>Este relato pondría a mi generación a la altura de la de mi padre. Y en lo personal, me liberaría del sentimiento de inferioridad moral que aún me produce su figura&#8221;.</p>
<p>El texto tenía un bello título: &#8220;Relato y Biografía&#8221;.</p>
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		<title>La Transición al Diván</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 18:44:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Prensa]]></category>

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		<description><![CDATA[Compartimos con ustedes la columna publicada en el &#8220;Diario 30&#8221; de Ricardo Darín, en la que hace alusión al libro &#8220;¿Por qué no me quieren?: Del ´Piñera way´ a la rebelión de los estudiantes&#8221;, de Eugenio Tironi.  &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211; El escenario político que se ha desatado esta semana me ha recordado uno de los libros más
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			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Compartimos con ustedes la columna publicada en el &#8220;<a href="http://diario30.com/destacados-diario30/transicion-divan/" target="_blank">Diario 30</a>&#8221; de Ricardo Darín, en la que hace alusión al libro &#8220;¿Por qué no me quieren?: Del ´Piñera way´ a la rebelión de los estudiantes&#8221;, de Eugenio Tironi. </em></p>
<p><em>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</em></p>
<p align="JUSTIFY">El escenario político que se ha desatado esta semana me ha recordado uno de los libros más leídos del 2011: “<strong> ¿Por qué no me quieren? Del ´Piñera way´ a la rebelión de los estudiantes</strong>”. Ahora que, como dirían los historiadores, “el año largo” se acaba, se vuelve imprescindible mirar con detención la tesis de Eugenio Tironi en este volumen. Se trata de un texto escrito en cuatro días, según confesión del autor. Y se nota. Es una mezcla de columnas, antes publicadas en El Mercurio, con algunos análisis –todavía crudos- sobre el movimiento estudiantil. En su mejor lectura posible, esto es, pasando por alto lo liviano de algunos capítulos, debe ser visto como un colofón a <strong>“Radiografía de una Derrota”, el libro que pretendía explicar la derrota de Frei en Enero de 2010.</strong></p>
<p align="JUSTIFY">Y, yendo todavía un poco más allá, puede ser comprendido como otro párrafo más de la extensa producción de Tironi. Una producción estrechamente ligada con la “sociología de la transición”. Aquella compulsión, primero académica, luego comercial,  por brindar marcos conceptuales a la sociedad heredada de Pinochet y administrada por la Concertación.</p>
<p align="CENTER">PIÑERA AL DIVÁN: ¿SÓLO?</p>
<p align="JUSTIFY"><em><strong>¿Por qué no me quieren?</strong></em><strong> </strong>pretende elaborar una tesis sociológica sobre “el Chile actual” a partir de las implicancias políticas del triunfo de Sebastián Piñera. De ahí que Tironi le dedique casi tres cuartos del texto a divagar sobre la personalidad del Presidente y la manera en que ésta se plasma en el Ejecutivo. Dicho en breve: según Tironi, Piñera sería “un ganador compulsivo con ribetes patológicos”, cuestión que explicaría su actuar errático. Este diagnóstico viene a complementarse con el libro <strong>“Piñera: Historia de un Ascenso”</strong> publicado por Loreto Daza y Bernardita Del Solar a principios de 2011. Allí, se pone el acento en el carácter competitivo y audaz del primer Mandatario. Esto le permitió, según las periodistas, ser hiperexitoso en el mundo de los negocios y puede ser una de las razones por las cuales ganó la elección, pero le impide gobernar. <strong>Es decir: las mismas características que lo hacían un buen candidato, lo hacen un Presidente débil.</strong></p>
<p align="JUSTIFY">Una “compulsión por destacar” que explicaría, según Tironi, la inclinación del sujeto por incurrir en, siguiendo la nomenclatura de Barthes,<strong>“gestos excesivos, explotados hasta el paroxismo de la significación”</strong>. Estos estarían produciendo, si entiendo la tesis, una suerte de “banalización” de la figura institucional del Presidente. Esta “banalización” condiciona a los oyentes que rechazan de plano cualquier mensaje. La banalización de la institución sería producto de episodios concretos que debilitan el mensaje no por su contenido, sino por la ausencia del mismo. Episodios que mezclan, por un lado, chascarros fruto del apuro y, por otro, un incontrolable deseo por ser el centro de atención. Ojo: Ser el centro de atención por sobre el mensaje. <strong>El académico Cristóbal Bellolio, lo resumía del siguiente modo: Piñera es “el eterno cumpleañero”.</strong> Pase lo que pase, el abrazo, la torta, los regalos y las fotos se las tiene que llevar él. Ejemplos de esto serían el mensaje escrito en Alemania, su deambular por Europa con el papelito famoso y sus incesantes apariciones televisivas durante el primer año de mandato -tres al día en sus momentos de mayor ansiedad- . Para resumir: las incontables “piñericosas” –según las bautizó The Clinic- que han marcado la actual gestión. Es decir, no hay construcción teórica posible entorno a un Ejecutivo conducido <strong>-única y exclusivamente-</strong> por las estrategias personales de su cabeza visible. Todavía más, estas estrategias se subordinan al pulso de las encuestas, que, a su vez, ratifican o desmienten las estrategias personales del mismo sujeto. El resultado: en cada anuncio o conflicto, lo que está en juego es -<strong> única y exclusivamente- </strong>la popularidad del Presidente. Hay quienes dicen que este es el primer gobierno de derecha en cincuenta años. Otros dicen que es el quinto gobierno de la Concertación. <strong>Tironi afirma que es el “Gobierno de Piñera”, y nada más que eso.</strong> Por ende, quien quiera entender lo que es este Gobierno, debe dejar de lado todos los manuales. La claves estarían en la trayectoria personal del sujeto:</p>
<p align="JUSTIFY">“No hay programas, sino oportunidades. No hay planes, sino apuestas. No hay obras, sino rentabilidad. No hay organizaciones, sino metas. No hay cautela, sino riesgo. No hay mesura, sino exceso. No hay reflexión, sino acción. No hay calma, sino vértigo. No hay inspiración, sino decisión. No hay estudios, sino ensayos. No hay consistencia, sino éxito. No hay lealtad, sino astucia. No hay pares, sino colaboradores. No hay relato, sino poder. No hay bibliotecas, sino gimnasios. No: este no es el <em>Chilean Way</em>, es el<em> Piñera way”</em>. (<em><strong>¿Por qué no me quieren?</strong></em><strong>, página 15).</strong></p>
<p align="JUSTIFY">Tironi no lo dice, hay varias cosas que Tironi no dice, pero aquí habría un fenómeno inverso a lo ocurrido con Bachelet. Las encuestas no la premiaban a ella por “ser ella” solamente, sino porque fue rostro comunicacional del relato de la “protección social”. Un relato inteligentemente creado para potenciar las fortalezas comunicacionales del sujeto: empatía, debilidad, cariño. En cambio, “la falta de relato” terminó siendo “el relato” de Piñera. De esta manera, el Gobierno, que en un inicio había abjurado de la derecha para poder ganar, que había sido estratégicamente reticente con el gremialismo, termina “tensionado desde dentro” por los herederos de Jaime Guzmán. Ha sido el vacío de conducción, entonces, lo que ha incubado el escenario político que vivimos hoy.</p>
<p align="JUSTIFY">De ahí que el piso de 23% alcanzado en la última CEP se deba en buena medida al conflicto estudiantil y la dificultad por marcar la agenda, pero, también, a un debilitamiento de la figura presidencial.<strong> </strong>Un efecto dominó que costó 20 “puntos cep” en Diciembre de 2010 y otros 20 en Julio. Y tres adicionales en Diciembre. Cuarenta y tres puntos en once meses. No hace falta realizar un exhaustivo detalle de la cantidad de episodios críticos que esta administración no ha sabido llevar. Baste recordar que, terminado el episodio de los mineros, el Gobierno dejó de marcar la agenda. De ahí para adelante, comenzó una saga de errores comunicacionales, políticos y personales. En lo comunicacional, el rescate de la mina San José no fue utilizado como un elemento de narrativa política, sino como una narrativa política “en sí misma”. Una apología de la técnica en vez de una construcción discursiva. Un énfasis en los métodos y en los resultados, antes que en las personas y sus familias. Error de Piñera, sí. Pero, fundamentalmente: falta de visión política de sus muchos asesores.</p>
<p align="CENTER">CINISMO Y MARKETING</p>
<p align="JUSTIFY">A este verdadero “cuadro clínico”, Tironi agrega que el Gobierno estaría atrapado conceptualmente: los chilenos no soportarían un Ejecutivo marcado por la retórica capitalista. Se podrá decir que ella no es privativa de la Derecha toda vez que la Concertación también la tenía. Pero Tironi corrige:</p>
<p align="JUSTIFY">“Los de la Concertación hacían, quizás, <strong>lo mismo que el gobierno actual</strong>; pero lo hacían no porque les naciera de ellos mismos, porque estuviera en su ADN, sino porque estaban obligados por las circunstancias; la globalización, las herencias de la dictadura, el bloqueo de la derecha, la recuperación de la democracia, y así por delante”. (<em><strong>¿Por qué no me quieren?</strong></em><strong>, página 90).</strong></p>
<p align="JUSTIFY">“Ahí estuvo el secreto de la Concertación. Estaba en sus ojos. Era su identificación, su ethos compartido, sus vasos comunicantes, incluso de tipo familiar y social, con el anti-capitalismo. Esto, curiosamente, le permitía ser dura en términos conceptuales y de políticas públicas y, al mismo tiempo, mantener prendida una pequeña luz de esperanza en el anti-capitalista que todo chileno lleva adentro, que lo conducía a quedarse rumiando su desencanto, en vez de salir a la calle a protestar, como lo hace ahora”. (<em><strong>¿Por qué no me quieren?</strong></em><strong>, página 93).</strong></p>
<p align="JUSTIFY">La tesis de Tironi es que la Concertación logró mantener el status quo porque la ciudadanía percibía en ellos un ethos crítico del sistema. Plausible, sí, pero profundamente cínico. Una lectura aguda de <strong>¿Por qué no me quieren?</strong> revela <strong>ese cinismo propio de la transición. Un cinismo que complementa el ya exhibido en “Radiografía de una Derrota” </strong>que prefiere mostrar a la campaña de Frei como “un producto malo” y no a la Concertación como una coalición consumida por sus propias contradicciones<strong>. </strong>Es como si Tironi no lo entendiera, o como si no quisiera decirlo. En vez de realizar un juicio político a su bloque, el sociólogo pretende hacer verosímil que todo el problema fue comunicacional: Se eligió mal el candidato, se erró el “clivaje”, se aprovechó mal a Bachelet. Piñera era un mejor producto, pero nada más que eso. Y, hoy, ese producto estaría siendo rechazado en las encuestas.</p>
<p align="JUSTIFY"><strong></strong>Es curiosa la tesis de Tironi, no por su formulación, sino por la desfachatez del autor. Su argumento es, básicamente, que la Concertación era una mejor administradora del modelo actual porque daba cuenta de una contradicción: <strong>anti capitalismo al mando del capitalismo.</strong> Todo ello en base a un ejercicio de tragar sapos: La Concertación gobernaba para las grandes empresas y para consolidar el neoliberalismo, pero “le dolía la guata” hacerlo. Y es esta actitud lo que la gente premiaba con su voto. <strong>Es decir, el triunfo de Piñera habría venido a “profundizar las contradicciones”, para usar la jerga universitaria tan en boga, y habría puesto al modelo a la cabeza del modelo mismo</strong>. <strong>¿Hacia dónde vamos?</strong><strong>¿Qué significa este 2011 en plano histórico?</strong> Tironi es optimista ante estas preguntas. Tironi ha sido optimista durante veinte años y no hay razón para que no lo sea ahora. Sostiene que el movimiento actual tiene semejanzas con <strong>Mayo del 68</strong> y que estamos en presencia de una nueva generación de jóvenes, hijos de la democracia y sin los tabués de sus mayores. <strong>Y ahí se acaba el libro: cuatros intensos días con Eugenio Tironi.</strong></p>
<p align="JUSTIFY">Los libros de Tironi hablan claro porque no dicen toda la verdad. En estos cuatro días de intensa reflexión, Tironi no logró ver que el movimiento actual tiene bastante que ver con la mala gestión política del Gobierno, pero mucho más, muchísimo más, con los veinte años de la Concertación.</p>
<p align="JUSTIFY">Las tesis de Tironi, desde<strong> “El Malestar de las Elites</strong>” en adelante,<strong> </strong>permiten justificar veinte años de gerenciamiento auto culpable y de incapacidad política real. Esos textos son <strong>el relato cínico de la Concertación</strong> que todavía no comprende por qué perdió el poder. No lo pedió por ser un mal producto, sino por convertir a la política en una cuestión de productos. No perdió, solamente, porque una fracción de sus electores prefirieron a la derecha, sino porque buena parte de la ciudadanía entendía que la Concertación gobernaba desde la contradicción y el cinismo. Que se dedicaban a ganar elecciones y no a gobernar. A administrar y no a reformar. A dar bonos para combatir la pobreza, pero no a atacar las causas de la desigualdad. A hablar sobre los pobres, pero en seminarios en Casa Piedra. Esto es algo más serio que la derrota de Frei ante Piñera y el naufragio de “La Nueva Forma de Gobernar”. <strong>Aquí el paradigma de la transición parece estar siendo superado. Piñera ganó porque ese paradigma, el de la Concertación haciendo como que gobernaba y la derecha haciendo como que no le gustaba, terminó.</strong></p>
<p align="JUSTIFY">Este vacío político se ha intentado llenar con un nuevo concepto: el relato. Es interesante notar que la noción de “relato” encuentra su origen en los asesores comunicacionales obnubilados por los mass media y el postmodernismo. <strong>Lo único que la Concertación tiene, en este sentido, son los libros de Eugenio Tironi.</strong>  Su consejo marcó la narración del gobierno de Aylwin. Luego vinieron Ottone y Carvajal. Para no ser menos, Piñera también nombró a los suyos. De ahí que este Gobierno contemple un insólito cargo: “Asesor de Imagen Presidencial”. Sin embargo, estos asesores de la contingencia no han podido atizar conceptualmente lo esencial: La sociedad chilena, su elite en particular, está huérfana de sentido. Ese es el trasfondo verdadero detrás de la “falta de relato” en política. Esta falta de sentido ha convertido a la política en una oficina de reclamos. Los ciudadanos no se sienten partícipes de un proceso colectivo, sino individuos aislados que deben reclamar sus derechos. Ante el desmedro, según las encuestas, de la imagen de los políticos, han surgido asesores comunicacionales prestos a venderles un producto discursivo, una narrativa, que les permita ganar las elecciones. Esto hace evidente la enajenación del sistema político chileno: <strong>no hay política, sino consumo. No hay deliberación, sino marketing.</strong> Lo irónico del asunto es que, mientras estamos buscando un “relato”, perdemos el tiempo respecto de lo verdaderamente trascendental. Nuestro cuento político se basa sobre tres pilares nítidos. Si pudiéramos quitarle el maquillaje, el relato de la transición se vería así:</p>
<p align="JUSTIFY"><strong>Primero</strong>, los chilenos vivimos bajo el orden constitucional de 1980. Éste consagra un sistema político poco representativo y centralista. Originalmente era un texto que combinaba elementos neoliberales con conceptos neo-fascistas. Se modificó muchas veces, pero <strong>su germen autoritario sigue intacto</strong>.</p>
<p align="JUSTIFY"><strong>Segundo</strong>, los chilenos votamos con interés solamente en las elecciones presidenciales. Allí le cambiamos el rostro y la voz a una figura centrípeta que concentra todo el quehacer público. Para bien o para mal. A veces es un “Padre” que habla golpeado y señala con el dedo índice a sus adversarios.<strong> A veces es una “Madre” acogedora, con algo de sobrepeso, siempre presta a apretujarnos cariñosamente</strong>. Y otras veces es un empresario exitoso, bueno para el “running” y la especulación, pero con poco tacto social y limitada inteligencia emocional.</p>
<p align="JUSTIFY"><strong>Tercero</strong>, a los chilenos nos encanta comprar. El consumo es la principal actividad y es “la bajada” práctica del “relato” denominado “desarrollo económico”. El consumo como forma de vida casi religiosa ha engendrado un país de valores trastocados, de individuos desarraigados, con más tarjetas plásticas en la billetera que amigos de verdad. El resultado es una superposición de esferas: los consumidores ya no son ciudadanos, los ciudadanos solamente son consumidores. <strong>Así, importa más el Sernac que el Senado</strong>.</p>
<p align="CENTER">LA ALEGRÍA YA VUELVE</p>
<p align="JUSTIFY">Es una cuestión consustancial a la transición esto de estar cerrándose a sí misma. Tironi es el inventor de ese juego de cerrar la transición, por dentro, quedándose entre cuatro paredes a pensar la transacción. Pero esta vez parece ser en serio: la transición se acaba. Es importante comprender que la derrota de la Concertación se debe a su propia contradicción, la de ganar con promesas y gobernar con explicaciones. Pero el cinismo también puede ser candidez. No es necesario ser tan desfachatado como Tironi, se puede ser cándido y creer que, en verdad, es la derecha la que no quería superar la contradicción. <strong>Fernando Atria</strong>, por ejemplo, afirma en una columna publicada en el momento más álgido del 2011:</p>
<p align="JUSTIFY">“El problema de la Concertación fue que entendió que para gobernar era necesario ignorar el hecho de que las instituciones con las que había que gobernar eran tramposas, y dejar de intentar lo que no podía ser logrado. Y claro, como todo (o casi todo) lo importante estaba sujeto al veto de la derecha, hacer o intentar sólo lo que era políticamente viable significó hacer o intentar sólo lo que contaba con la aprobación de la derecha. Así fue como la Concertación se derechizó”. <strong>(“Hambre no es pan” TheClinic.cl</strong>)</p>
<p align="JUSTIFY">Atria, de creciente influencia en sectores de izquierda,  cree que el problema de la Concertación fue que perdió de vista que existía un veto de la derecha. La “derechización” habría sido el producto de veinte años de gobernar con freno de mano. Ello no hace más que recordarnos que el sistema actual es tramposo, pero no nos explica el fondo del asunto. Es interesante esto pues Atria sitúa en los límites normativos de la Constitución el principal escollo de la coalición del arcoiris. Esos límites habrían condicionado toda la obra de estos veinte años, según complementa en su libro <strong>“Neoliberalismo con Rostro Humano”. </strong>Pero esto pierde de vista que <strong>la Concertación tuvo espacios, mayorías y cuadros suficientes</strong> como para, al menos, empujar a la derecha. Pero ni siquiera lo intentaron. En lugar de ello eligieron un falso progresismo, una retórica antes que una agenda concreta, una “onda” antes que una “cultura”.</p>
<p align="JUSTIFY">La derechización de la Concertación ocurrió porque los vetos estaban, fundamentalmente, dentro de la misma Concertación. <strong>La Concertación misma operó como un veto durante veinte años.</strong> Ese modelo, en que el “Partido Transversal”, conocido como “Mapu-Martínez”, gerenciaba el país junto a la derecha económica, se asentó culturalmente en las bases socio-políticas del votante del NO. Durante los primeros diez años se pensó que, al venir los gobiernos PS-PPD, se podría dejar atrás la tibieza democratacristiana, pero nada de eso ocurrió. Lo que vino fue la consolidación de lo ya visto en los 90. <strong>Lentamente, el Partido Transversal fue reemplazado por una casta de tecnócratas, primos ideológicos de los Chicago-Boys. </strong>Todo ello, sumado a la acción de su principal satélite: <strong>el Partido Comunista.</strong> Éste, por un lado, le permitió atajar a la sociedad civil más activista – “ultra”, le dicen ahora- y, por otro, le colocó los votos faltantes para elegir a Lagos y Bachelet. <strong>Radical importancia tuvo en ello que el bloque supo administrar el carnaval a su favor. </strong>Todo acto masivo, toda gran concentración ciudadana, toda celebración deportiva tenía, eminentemente, un sello concertacionista. Festivales de teatro, el Chino Rios, actores de teleseries, muñecas gigantes, tocatas gratuitas, goles de Chile, todo servía para saciar la falta de carnaval, y de paso consolidar las mayorías, como bien manda Gramsci. Pero, con los pinguinos en 2006, eso cambió. El carnaval, esto es, la celebración comunitaria en espacios públicos, se volvió contra la Concertación.<strong> Desde entonces la transición parece estar terminando.</strong></p>
<p align="JUSTIFY">En este sentido, el juicio a la Concertación debe ser drástico y sin compasiones. Se debe desnudar el falso progresismo que ella dibujó en el imaginario colectivo.<strong> Falso “progresismo”</strong> en lo económico al querer canonizar el modelo en el exterior, pero olvidarse de la libre competencia y de la concentración de los mercados. <strong>Falso “progresismo”</strong> en -lo que la transición llamó- “los problemas valóricos” al nunca jugársela con decisión por los derechos reproductivos ni por la unión civil entre homosexuales. Tuvo que venir la derecha a hacerlo. <strong>Falso “progresismo”</strong> en materia cultural al convertirlo todo en repartija de dinero y guitarreos al aire libre. Ni siquiera el iva a los libros fue cuestionado seriamente. <strong>Falso “progresismo” </strong>en política de drogas, al criminalizar la marihuana, pero sin ponerle freno a la industria etílica que nos ha convertido en un país de alcohólicos. <strong>Falso “progresismo” </strong>al apelar a semánticas comunitarias, pero consolidar un país individualista y adicto al éxito. <strong>Falso “progresismo”</strong> al adular a las Universidades Públicas, pero coquetear cada vez que se podía con las privadas. <strong>Falso “progresismo” </strong>al preferir el discurso de la gobernabilidad antes que conducción política. Falso progresismo en libertad de expresión, diciendo que El Mercurio y La Tercera son de derecha, al mismo tiempo que terminaban con la Revista Análisis y sin nunca haberle puesto un centavo a medios independientes. <strong>Falso “progresismo”</strong> al permitir el crecimiento simbólico y cultural de la Iglesia Católica, que controla buena parte de la educación de la elite. <strong>Falso “progresismo”</strong> al generar un país de gente estresada, consumista y deprimida.</p>
<p align="JUSTIFY">Esta semana de intensa especulación política me ha vuelto a recordar la sensación que me dejó Tironi tras leer su libro. <strong>Quizás lo que nuestra clase política necesite no sean unas largas vacaciones, ni un centenar de ipads, ni acuerdos bajo la mesa, ni nuevos asesores comunicacionales, ni un “nuevo relato”.</strong> Quizás lo que nuestra clase política necesita es una larga sesión de sicoanálisis para observar el país que han construido, la cantidad de cuestiones que se han mantenido intactas por presiones fácticas, por miedos adolescentes, <strong>por la acción de lobbistas como Tironi</strong> o porque el bolsillo así lo recomendaba.</p>
<p align="JUSTIFY">Febrero puede ser la oportunidad para un sicoanálisis masivo. Aunque sea de cuatro días.</p>
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		<title>Tironi y su papel en &#8220;NO&#8221;, la película: &#8220;Dejé el protagónico a Gael García Bernal&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 14:24:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Prensa]]></category>

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		<description><![CDATA[Los invitamos a leer la nota publicada en &#8220;Las últimas noticias sobre la aparición de Eugenio Tironi, en la película del &#8220;NO&#8221;. Tironi LUN &#160; Imagen extraída de: http://diario.latercera.com/2011/12/25/01/contenido/cultura-entretencion/30-95239-9-no-la-pelicula-que-reunio-desde-gael-garcia-bernal&#8211;a-patricio-aylwin.shtml]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://eugeniotironi.cl/wp-content/uploads/2012/01/Tironi-LUN.pdf" target="_blank">Los invitamos a leer la nota publicada en &#8220;Las últimas noticias sobre la aparición de Eugenio Tironi, en la película del &#8220;NO&#8221;. </a><a href="http://eugeniotironi.cl/wp-content/uploads/2012/01/Tironi-LUN.pdf">Tironi LUN</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<h6>Imagen extraída de: <a href="http://diario.latercera.com/2011/12/25/01/contenido/cultura-entretencion/30-95239-9-no-la-pelicula-que-reunio-desde-gael-garcia-bernal--a-patricio-aylwin.shtml">http://diario.latercera.com/2011/12/25/01/contenido/cultura-entretencion/30-95239-9-no-la-pelicula-que-reunio-desde-gael-garcia-bernal&#8211;a-patricio-aylwin.shtml</a></h6>
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		<title>El Guarismo</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 13:40:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo que estamos viendo en estos días es cuán difícil resulta, en un régimen hiperpresidencialista, gobernar con una aprobación de 23 por ciento -si se atiende a las cifras entregadas por la última encuesta CEP-. Con este guarismo marcado en la frente, al Presidente Piñera le resulta muy cuesta arriba alinear a las fuerzas propias
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Lo que estamos viendo en estos días es cuán difícil resulta, en un régimen hiperpresidencialista, gobernar con una aprobación de 23 por ciento -si se atiende a las cifras entregadas por la última encuesta CEP-. Con este guarismo marcado en la frente, al Presidente Piñera le resulta muy cuesta arriba alinear a las fuerzas propias y atemorizar a sus adversarios, dos claves del arte de gobernar.</p>
<p style="text-align: justify;">Con la intención de revertir la baja aprobación, el Presidente se decidió a blandir dos banderas clásicas de la centroizquierda, como son la reforma tributaria y la del sistema binominal. Parecía astuto, toda vez que la inclusión de Longueira y Chadwick en el gabinete contenía la rebelión de la UDI. Esto lo llevó a un inédito proceso de consultas con los ex presidentes de la Concertación, que le manifestaron su respaldo. La oposición se lo tomó tan en serio que entregó al Gobierno sus ideas para una propuesta tributaria y comunicó que sus votos en el Parlamento están disponibles para cambiar el binominal.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo anterior permitía al Presidente erguirse como una figura integradora, y la clase política parecía encontrar vías de entendimiento sobre reformas que son cruciales para robustecer la confianza ciudadana en el orden político y económico. El Gobierno, por su parte, encontraba por fin un relato tras el fracaso de su &#8220;nueva forma de gobernar&#8221;: encauzar la demanda social por una nueva distribución del poder económico y político. Si a esto le sumamos la mejor gestión, la concreción de algunas reformas significativas, y la evidencia de que no cederá ante los grupos de interés, era un gobierno que encontraba el rumbo después de un 2011 que preferiría olvidar.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero la semana pasada ese panorama se pulverizó. Hernán Büchi, en una entrevista dominical, sacó a relucir la doctrina de la derecha ochentera y anunció la guerra a los proyectos del Presidente. Luego, invitados a concordar una hoja de ruta para el Gobierno y la Alianza, los líderes de su coalición le dan un portazo en su propia casa y con publicidad, lo que ratificaron en una entrevista conjunta el domingo recién pasado. Es un hecho que las reformas del Presidente Piñera encontraron más respaldo entre los ex presidentes concertacionistas y en las filas de la oposición que entre sus propios aliados. Prueba de ello es que la respuesta al veto de Büchi a las reformas no vino del Gobierno, sino de Ricardo Lagos, convertido así en un aliado tácito del Presidente.</p>
<p style="text-align: justify;">Con otro guarismo, lo de estos días no habría ocurrido. Pero con tan magro respaldo no es extraño que la coalición se rebele ante los deseos del Presidente, ni que sus hojas de ruta no conduzcan a ninguna parte, ni que los actores sobre los cuales podría reposar un acuerdo -como lo ha admitido el propio Presidente- estén fuera de La Moneda.</p>
<p style="text-align: justify;">Los cientistas políticos han sostenido que lo que precipitó el desplome de la democracia chilena en el siglo pasado fueron las crisis de gobernabilidad provocadas por un presidencialismo donde regularmente el oficialismo perdía la mayoría parlamentaria. Esto, se dijo, sería corregido por el binominal. No fue así. Aun con binominal el Presidente Piñera ha perdido el control de su propia coalición por efecto de su menguado apoyo ciudadano, lo cual deja al Presidente como una figura revestida de un formidable poder formal, pero carente de autoridad para ejercerlo. Esto debiera estimular a los politólogos a volver a las aulas, y a la ciudadanía a aprender a gobernarse por sí misma porque, al menos en los meses que vienen, no es mucho lo que puede esperar de La Moneda.</p>
<h6 style="text-align: justify;">Imagen extraída de: <a href="http://www.puntocentral.cl/?p=15810">http://www.puntocentral.cl/?p=15810</a></h6>
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		<title>&#8220;El problema es que la gente no proyecta en Piñera la esperanza de un cambio&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 19:24:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Prensa]]></category>

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		<description><![CDATA[Los invitamos a leer la nota publicada el sábado 31 de diciembre en el cuerpo de Reportaje del diario La Tercera. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://eugeniotironi.cl/wp-content/uploads/2012/01/et_lt_reportajes.jpg" target="_blank">Los invitamos a leer la nota publicada el sábado 31 de diciembre en el cuerpo de Reportaje del diario La Tercera. </a></p>
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		<title>Crítica al último libro de E. Tironi: Los estrechos marcos analíticos de la lógica binominal</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 12:21:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Prensa]]></category>

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		<description><![CDATA[Te invitamos a leer la crítica de Óscar Bustamante al libro &#8220;Por qué no me quieren: Del Piñera way a la rebelión de los estudiantes&#8221;, publicada en el diario &#8220;El Clarín&#8220;. Una forma, entre otras, de resumir la estructura de este libro es la siguiente: se abre con una caracterización del estilo personal (al borde
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Te invitamos a leer la crítica de Óscar Bustamante al libro &#8220;Por qué no me quieren: Del Piñera way a la rebelión de los estudiantes&#8221;, publicada en el diario &#8220;<a href="http://www.elclarin.cl/web/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=2718&amp;Itemid=6" target="_blank">El Clarín</a>&#8220;.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="text-align: justify;">Una forma, entre otras, de resumir la estructura de este libro es la siguiente: se abre con una caracterización del estilo personal (al borde del perfil sicológico) de Sebastián Piñera, en los negocios y en la política, y concluye con una valoración optimista de su gobierno como detonante para la irrupción, y las transformaciones, que encarna el movimiento estudiantil.</span></p>
<p style="text-align: justify;">Entremedio, Tironi despliega su tesis al respecto: la de los estudiantes, se trataría de una revolución cultural que se gesta en malestares de dos tipos (inmediatos y mediatos, contingentes y de largo plazo) y que es impulsada por jóvenes ideologizados que, de un lado, perdieron el miedo a actuar como tales y que, de otro lado, se parecen bastante a sus coetáneos franceses de Mayo del ’68. Subyacente a esta hipótesis, y a toda la argumentación del libro, se encuentran una serie de supuestos teóricos y conceptuales que no son explicitados pero que, sin embargo, valen la pena discutir. Tal es nuestro propósito.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><strong>El framing y la política mediática</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Veamos. Para Tironi, la trayectoria pública de Piñera se ha caracterizado por un afán competitivo que, obsesivamente, lo mueve a diferenciarse de los demás. “Nueva forma de hacer negocios”, “nueva forma de hacer política” y, a partir de marzo de 2010, “nueva forma de gobernar” serían los slogans que resumen esa trayectoria. Sin embargo, mientras en los dos primeros ámbitos la fórmula habría redituado, es en este último –el ejercicio de la primera magistratura- donde ella demostró su fracaso. ¿La razón? Ella se encontraría en el framing, el enmarcamiento mental de la ciudadanía, según Tironi.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta donde sabemos, por framing se alude a un proceso que, desde diferentes perspectivas disciplinarias, refiere a la construcción de esquemas cognitivos e interpretativos en las personas, a través de los cual seleccionamos y codificamos, otorgamos sentido, a nuestras experiencias cotidianas y el acontecer social. Todos enmarcamos según el repertorio de ideas, conceptos, creencias y valores que hemos incorporado, pero también según las emociones que ellas nos producen. De manera tal que tendemos a excluir aquello que sobrepasa nuestros marcos, por muy racionales que sean determinados argumentos, para así evitarnos la “disonancia cognitiva” y el coste emocional asociado. Los marcos interpretativos, de ese modo, se vinculan con nuestra ideología e identidades, y en esa medida además, con nuestra historia y memoria individual y colectiva, siempre de manera dialéctica. Por tratarse, sin embargo, de una dinámica procesual, que no es otra que la impuesta por la interacción cotidiana, los marcos interpretativos están sometidos también a la negociación de significados con los otros, ya sea a través de interacciones presenciales o, como viene ocurriendo de manera creciente, a través de los medios de comunicación masivos e Internet.</p>
<p style="text-align: justify;">La perspectiva del framing a que se refiere Tironi, entonces, es la desarrollada por la comunicación política cuya orientación, como señala Chihu Amparán, es la persuasión de los ciudadanos durante las campañas electorales y en cuyas estrategias progresivamente, agrega Castells, se han venido incorporando los hallazgos de las neurociencias para hacer de los discursos políticos dispositivos altamente eficientes sobre la conducta electoral de los ciudadanos. Según las neurociencias, y particularmente los trabajos de Lakoff, quien de hecho es un referente para los partidos demócrata y republicano en USA, a través del enmarcado se influyen las “emociones básicas” de las personas, una de las cuales es el “miedo”. Miedo que, a su vez, es clave para inhibir la acción política y contestataria de las personas. Como enfatiza el sociólogo Manuel Castells, “los ciudadanos votan según su identidad, sobre la base de quiénes son, de qué valores tienen y a quienes admiran. Los estereotipos culturales y morales son los que más directamente enmarcan el voto por afinidad o por rechazo”.</p>
<p style="text-align: justify;">Estos hallazgos, como dijimos, han calado fuerte en los partidos y las campañas electorales estadounidenses, siendo la elección de Obama un caso paradigmático en este sentido y objeto de investigaciones que confirman lo anterior. Naturalmente, todo este know how de la comunicación política desarrollado en USA, se ha exportado hacia otros países, incluido Chile por supuesto, en donde se ha implementado como parte de la “política mediática” a la que nos interesa aludir. Volviendo ahora al caso de Piñera, éste habría incurrido entonces, según Tironi, en el error de generar durante su campaña un tipo de relación contractual con la ciudadanía basada en tres promesas hasta ahora incumplidas: producir un cambio ostensible en el país, diferenciarse de la Concertación y hacer de Chile una sociedad desarrollada. Esta relación es de carácter instrumental y carente de emoción, muy distinta a la relación autoritaria o maternal, si la remitimos a Lagos o Bachelet, respectivamente, y se asemeja más a la de un gerente o un proveedor de servicios. Piñera, además, antepone el “Yo” al “Nosotros”, es decir, el individuo por sobre la colectividad. En esa medida, entonces, al ser “fiel a su estilo”, a las ideas y valores desplegados durante su trayectoria pública, su “nueva forma de gobernar” contradice el enmarcado al que estaban habituados la mayoría de los chilenos, esto es, al de una relación paternalista, afectiva, con la figura presidencial que, así como domina, también provee seguridad cognitiva y emocional a los ciudadanos.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Lo que, a nuestro parecer, omite Tironi en esta argumentación son dos cosas: primero, que en la sociedad chilena, el proceso de framing de la política se ha venido realizando en y a través de los medios de comunicación masivos, siguiendo la lógica de la política mediática, como le llama Castells, y orientada sobre todo a la dominación social, esto es, a la desactivación de una participación social directa a cambio de una participación vicaria o indirecta, a través de una clase política configurada según el sistema binominal heredado de la dictadura.</p>
<p style="text-align: justify;">Basada en el principio de que “lo que no está en los medios no existe”, la política mediática, en tanto modalidad de la política, no solamente refiere a la serie de pautas de comunicación persuasiva y centrada en la personalización de los candidatos (aquella idea que los políticos son equiparables a “rostros” televisivos) o en el escándalo como estrategia de lucha política, sino que además se retroalimenta de toda una industria formada por las encuestas de opinión pública, las consultoras comunicacionales, los inefables think tank y la creciente estructura de propiedad concentrada y desregulada de los medios de comunicación. El efecto político de esta configuración compleja de intereses cruzados (eficiente pero nada lineal, hay que decir), se tradujo, para el caso chileno, en una relación distante con la ciudadanía, en una forma de gobernar basada en el uso propagandístico antes que deliberativo de los Medios y en la ilusión mediática, para un alto porcentaje de las personas, de un consenso artificial, de la inexistencia de malestares profundos y conflictos urgentes por resolver y, menos aún, de la gestación de movimientos sociales tan resonantes como el que emergió este año en el país. Es decir, la política mediática, así como ha favorecido los intereses de grupos económicos y de la clase política en general, ha tendido a excluir los intereses de la sociedad civil cuya único camino para “hacerse escuchar”, y esto se confirma con el movimiento social estudiantil, ha sido el de irrumpir en el espacio público urbano y mediático.</p>
<p style="text-align: justify;">Rastreando en su origen, y aventurando una hipótesis, la política mediática para nosotros se fue asentando en Chile a partir de 1990 (un embrión, de hecho, se podría reconocer en la campaña televisiva del plebiscito de 1988) y ha sido la persistencia de su lógica la que mantiene, por ejemplo, a Sebastián Piñera más preocupado de su caída en las encuestas que del clamor ciudadano que, cada jueves, se acerca un poco más al perímetro del palacio de La Moneda. Más que una omisión, entonces, cabría señalar que para Tironi la política mediática se haya totalmente naturalizada en tanto lógica de ejercicio del poder político y de dominación social que no es objeto de cuestionamiento. ¿Por qué? quizás porque fue el propio Tironi quien contribuyó a la conformación de esta red de intereses mediáticos, políticos y empresariales al sentenciar, allá en los albores de la transición, cuando oficiaba como encargado de comunicaciones del gobierno de Patricio Aylwin (1990-1994), que “la mejor política de comunicaciones es la no política”.</p>
<p style="text-align: justify;">La segunda omisión de Tironi es que los marcos interpretativos, como dijimos, son procesos, son el resultado de dinámicas de negociación de las personas con los otros, en el contexto de las estructuras y el entorno sociocultural del que participan y en temporalidades largas que vinculan pasado, presente y futuro que, en grados variables, otorgan sentido a nuestras vidas. Lo anterior significa que, para el caso de una sociedad como la chilena que ha sido enmarcada durante muchos años en una lógica binominal de la política, la irrupción del movimiento social estudiantil ha traído consigo también nuevos valores, creencias y significados que han venido a desafiar los interpretaciones preexistentes, aunque ya resistidas, sobre la educación, la democracia, el modelo neoliberal, el pasado, el futuro y hasta nuestra propia convivencia social. Es decir, mediante su irrupción en el espacio público y mediático –en aquella modalidad carnavalesca de protestar en las calles y en el estilo directo de expresarse en los Medios (masivos e Internet)- los estudiantes han venido a ofrecer marcos interpretativos renovados, que si bien no son del todo novedosos pues recogen críticas repartidas en diferentes sectores de la sociedad, claramente marcan una ruptura con los marcos preexistentes. Es decir, y valiéndonos de otra expresión de Castells, el movimiento estudiantil ha venido a “reprogramar” a la sociedad chilena.</p>
<p style="text-align: justify;">De este modo, y volviendo ahora al libro de Tironi, si bien es plausible su énfasis dado a que el fracaso actual de Piñera se fundaría en una nostalgia de los ciudadanos por una relación más cercana con la figura presidencial, cuestión que, a su juicio, sí supo “leer” la Concertación, el argumento es incompleto y sesgado. Y aquí es necesario enfatizar algo que el propio Tironi señala en su hipótesis: el movimiento social estudiantil no corresponde a un mero estallido de malestares acumulados sino que, a partir de ellos y de una estructura organizativa a toda prueba hasta ahora, ha construido un discurso coherente y propositivo, transversal y resonante a lo largo del ciclo de protesta, ofreciendo a los chilenos una reinterpretación “global” de problemas y soluciones que, a juzgar tanto por la convocatoria de sus 36 marchas así como por las encuestas, ha calado en la conciencia de los chilenos que, en porcentajes que bordean el 90%, le otorgan su apoyo . En esa medida, entonces, los estudiantes sí son ideologizados, y ellos mismos lo han reconocido en algunos programas de TV, pues precisamente desafían las estructuras dominantes.</p>
<p style="text-align: justify;">Retomando entonces el análisis de los marcos, aunque esta vez desde el punto de vista del movimiento social, creemos que precisamente lo anterior es lo que sesga el análisis de Tironi: las interpretaciones provistas por el movimiento social estudiantil no sólo se distancian sino que rompen con la lógica binominal, con la ideología, los principios y los valores que fundaron la transición democrática, exigiendo el paso a un nuevo “orden de cosas”. De ahí que dos frases recurrentes que podrían resumir esto son las siguientes: “somos la generación que perdió el miedo” y “el cambio llegó para quedarse”.</p>
<p style="text-align: justify;"> <strong>De los malestares y el valor de la alternancia.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Llegados a este punto es necesario precisar dos cosas. La primera es que la expresión “malestares sociales” tuvo su estreno en el debate público nacional durante el cambio de milenio y a partir de dos informes de Desarrollo Humano publicados por el PNUD: Las paradojas de la modernización (1998) y Nosotros los chilenos: un desafío cultural (2002) que exploraban los cambios estructurales y subjetivos propiciados por la modernización económica y la globalización sociocultural. En ambos informes se revela un panorama social complejo en el que resaltan nítidamente una serie de temores, inseguridades, molestias y desconfianzas en las personas en medio de ambos procesos que, temporalmente, funden la dictadura y la transición política. Los encuestados y entrevistados señalaban sentir temor ante el “otro”, percibían el modelo económico como una “máquina”, expresaban una fluctuante adhesión democrática al tiempo que también demandaban, en grados variables, mayores espacios para desplegar sus proyectos individuales.</p>
<p style="text-align: justify;">La segunda cuestión para precisar, es que fue el propio Tironi quien por entonces, y junto a otros analistas, refutó esta tesis señalando que ella no era extensible al conjunto de la sociedad chilena sino que era acotable a los temores inconfesos de las élites frente a la “irrupción de las masas” aspiracionales y empoderadas por el consumo, la modernización económica y la globalización cultural. Para resumir, aunque no por ello caricaturizar, se puede decir que mientras las masas disfrutaban de ver ampliadas sus posibilidades de acceso a bienes y servicios otrora negados para ellas, las élites traslucían una posición defensiva, ideológicamente conservadora y antiprogresista.</p>
<p style="text-align: justify;">Transcurrida más de una década de ese debate, y a la luz de la emergencia de los movimientos sociales, ahora sí Tironi valida el “malestar difuso” que recorre a la sociedad chilena y los interroga: ¿cuáles son los detonantes del malestar que se tradujeron en “una muchedumbre de manifestantes por las calles”? Ensaya primero unas tentativas: ¿es la desigualdad económica? No, se responde. ¿Son las famosas redes sociales? Tampoco. ¿Se trata de un reclamo emocional de los chilenos? Menos. Y luego apunta al blanco. ¿Es posible que se trate de un reclamo ideológico? “Bingo”, parece decir. Las tan despreciadas ideologías estarían de regreso pero con una variante fundamental: ya no pueden ser entendidas como pura racionalidad o, mejor dicho, disociadas de las emociones, los valores y los principios que movilizan a las personas. ¿Cómo se expresa aquello? para el caso de los jóvenes, en que son capaces de sacrificar sus intereses formativos por el valor social de una educación gratuita para todos; para el caso de los ecologistas, en que anteponen el cuidado de la naturaleza a su uso como fuente de energía. Es decir, y en base a estos ejemplos, las ideologías estarían de regreso con los movimientos sociales recientes.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero allí no acaba todo. Siguiendo con su indagación sobre los malestares sociales, Tironi repasa una lista de “fuentes del malestar” que distingue entre inmediatas y mediatas, contingentes y de largo alcance. Críticamente, nos concentraremos en estas últimas:</p>
<p style="text-align: justify;"> -La gestión del capitalismo desde el capitalismo que ejerce el gobierno de Piñera. Según Tironi, y pese a vivir bajo sus condiciones durante las últimas décadas, la mayoría de los chilenos tiene un ethos, un alma anticapitalista o, por lo menos, han adquirido plena conciencia de sus estragos. Si bien a la Concertación le correspondió administrar este modelo (en su versión neoliberal) heredado de la dictadura, sus esfuerzos fueron por humanizarlo y así no traicionar del todo su historia, su memoria, su originaria alma anticapitalista. Y este solo hecho la exculpa y redime. La Derecha, en cambio, es orgullosamente procapitalista. Sus miembros profitan y presumen de los éxitos alcanzados gracias al modelo y no está en sus planes transformarlo.</p>
<p style="text-align: justify;">Remitiendo una vez más a los “marcos cognitivos”, el rechazo a Piñera se explicaría por cuanto la identidad anticapitalista del grueso de la ciudadanía es más fuerte que cualquier evidencia en contra por parte de un gobierno que, además de no proveer una imagen presidencial cercana y emotiva,  exhibe sin pudor su adhesión al modelo económico. Además de rebuscado, este argumento nos parece falaz y excluyente: falaz porque, admitiendo por ahora el simplismo de su “sospecha” (chilenos pro y anticapitalistas), Tironi pretende exculpar a los gobiernos de la Concertación de cualquier responsabilidad en el malestar asociado a la gestión del modelo económico en Chile, por el sólo hecho de haber intentado “humanizarlo”. Aquí valdría la pena remitir a tres evidencias: la serie de encuestas de opinión que se vienen realizando en estos últimos meses y en las cuales, al igual que el gobierno, la oposición política  no rebasa el 25%, desmintiendo, a nuestro parecer, cualquier rasgo de “nostalgia” por parte de la población para con los gobiernos de la Concertación; dos: los reiterados “mea culpa” por la prensa de casi todos sus dirigentes relevantes quienes admiten, para ponerlo en esos términos, su complicidad con los malestares sociales y, tres, la propuesta surgida desde el seno de la coalición por refundarla a fin de reconectarse con la sociedad civil y hacerse políticamente viables en las próximas elecciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Decimos que el argumento de Tironi es también excluyente pues aplica la lógica binominal del sistema político como matriz de las soluciones (“si el procalitalismo de la derecha se ha vuelto insufrible, sólo queda retornar al anticapitalismo de la Concertación” sería, más o menos, el razonamiento implícito) para un problema que rebasa por mucho aquella lógica, que va de lo estructural a lo subjetivo, y que incluye otras sensibilidades, otros ethos, por fuera de la Concertación y la Alianza como, por ejemplo, las que están a la base de los movimientos sociales y que, todo parece indicar, se gestaron desde la periferia de la lógica binominal y complejizan mucho más el análisis.</p>
<p style="text-align: justify;">-Un segundo malestar profundo es el desafío a las élites y las demandas por mayor poder a la ciudadanía. Aquí vale la pena remitir a otro informe del PNUD del año 2004 (El poder, ¿para qué y para quién?) en el que se estudia la relación de los chilenos con esta dimensión clave de la sociedad. Dos cosas nos parecen rescatables de dicho informe: la primera es que casi la mitad de los entrevistados demandan mayores cuotas de “soberanía” para desarrollar sus proyectos individuales pero también para participar en las decisiones colectivas, lo que nos parece desmiente la creencia difundida respecto a una apatía generalizada de la población por los asuntos públicos. Lo segundo es que, como reverso de lo anterior, el informe consigna que las élites chilenas no disponen de un “proyecto país” claro y preciso y tienden a actuar movidas por intereses corporativos y de corto alcance. Las élites viven más bien desconectadas de las mayorías y sin sentido de responsabilidad en cuanto a su función dirigente. Ambas cuestiones, combinadas, explicarían el actual desafío a las élites que consigna Tironi, así como también el rechazo a la razón y el saber tecnocráticos que ha sustentado a los grupos dominantes. Las personas, por su parte, manifiestan un malestar por la distribución asimétrica del poder y reclaman mayor participación en las decisiones colectivas al considerarse, cada vez más, aptas y competentes para hacerlo.</p>
<p style="text-align: justify;">-El tercer malestar profundo dice relación con la actual intolerancia a la desigualdad. Dos caras tiene este argumento: una que remite al “cambio cultural” o de mentalidad entre los chilenos respecto a que la desigualdad adopta muchas formas, no únicamente la económica, y que deviene en un factor de desintegración social. La segunda cara del argumento, en cambio, repite un problema anterior: al afirmar Tironi que esta concientización representaría “el mayor logro de la Concertación”, nos demuestra la persistencia de su lógica binominal y lamentablemente no entrega antecedentes que la avalen. Por nuestra parte, referimos a un estudio de la U. de Chile-Mideplan (2000) que más bien la contradice: consultados respecto a “los responsables de la desigualdad” un 76% de las personas consideraba al Estado como su principal causante, seguido del Parlamento con un 74%. Asimismo, apenas un 35% consideraba que su situación era mejor que hace treinta años y una cifra similar consideraba que era peor. Tal era, por lo tanto, la percepción ciudadana tras una década de gobiernos de la Concertación.</p>
<p style="text-align: justify;">Para concluir, nos referiremos brevemente a las últimas dos cuestiones: la comparación que Tironi realiza entre el movimiento estudiantil con Mayo del ‘68 y la valoración positiva del gobierno de Piñera con que cierra el libro. Ambos elementos, además, terminan por configurar la hipótesis del libro enunciada al comienzo de este artículo.</p>
<p style="text-align: justify;">Respecto a lo primero, Tironi señala que ambos movimientos tienen una serie de paralelos que los hacen comparables: ser juventudes que se atrevieron a actuar idealistamente tras generaciones que, producto de la posguerra en el caso francés y de la dictadura en el caso chileno, debieron actuar pragmáticamente; ser juventudes que participaban de sociedades más opulentas y que experimentaron el “síndrome 15-M” (en alusión a haber sobrepasado los 15 mil dólares de ingreso percápita), esto es, el tránsito desde valores materiales hacia valores posmateriales .</p>
<p style="text-align: justify;">No soy historiador, aclaro, pero si bien estos argumentos pueden ser persuasivos para un “texto periodístico”, como califica Tironi a su libro (por cierto, ¿por qué lo periodístico habría de ser menos riguroso que lo académico?), parecen totalmente inaceptables para una comparación histórica. Partiendo porque implica una mirada evolucionista, cíclica y mecanicista de la historia y las sociedades, todas ellas en retirada en las perspectivas recientes de esta disciplina. En segundo lugar, se encuentra el hecho de convertir a una variable económica estructural, como el ingreso percápita, en elemento detonador de un cambio de mentalidad, y de disposición subjetiva para la acción política, lo cual nos parece un tipo de determinismo y una relación causal abusiva. Sin mencionar que esta interpretación contradice el anterior argumento respecto a la desigual distribución de la riqueza global del país. En tercer término, el “síndrome 15-M” minimiza los cauces más profundos del cambio histórico impulsado por los miembros de la sociedad civil, diría un historiador como Gabriel Salazar, más que a héroes o logros específicos que los operan milagrosamente. Es decir, al ofrecernos esta interpretación, Tironi parece estar restándole valor a la variable histórica del movimiento estudiantil que, de un lado, es inseparable de una tradición pero que, asimismo, difícilmente se vería reflejado en una lucha por “valores posmateriales”.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente, Tironi celebra el arribo de Piñera al gobierno como una alternancia necesaria y como una oportunidad de maduración social. Dice, por ejemplo, que gracias a ella se “inaugura una convergencia que no existía en el seno de la clase dirigente chilena” para aludir a lo siguiente: “así como la Concertación fue indispensable para darle legitimidad social y moral al tipo de capitalismo creado bajo Pinochet, un gobierno como el de Piñera era indispensable para que la derecha hiciera suya el capitalismo reformado de la Concertación”; es decir y “más allá de las palabras, el gobierno de Piñera ha sido un gobierno de continuidad, no de cambio” (p.134). Este nos parece el corolario de lo que hemos denominado la lógica binominal en el análisis de Tironi pues, como hemos intentado sostener a lo largo del texto, lo que mejor representa el movimiento estudiantil, y quien sabe si los demás movimientos que irrumpieron durante este año, es la emergencia de otras (que no necesariamente nuevas) culturas políticas que se venían gestando desde los extramuros de la democracia representativa, otros valores y propuestas respecto al modelo económico neoliberal, otros repertorios de la disputa por el poder de la comunicación e incluso, si se presta atención al discurso de los estudiantes, otras formas de la sociabilidad. En suma, el movimiento social estudiantil ha puesto en la escena pública otros marcos a partir de los cuales construir una sociedad diferente y, esperamos, mejor.</p>
<h6> Imagen extraída de: <a href="http://www.elclarin.cl/web/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=2718&amp;Itemid=6">http://www.elclarin.cl/web/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=2718&amp;Itemid=6</a></h6>
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		<title>LA REVOLUCIÓN DE LOS CONEJOS</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jan 2012 17:56:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Según el horóscopo chino, el que acaba de pasar fue el año del conejo o la liebre. Los astrólogos mas reputados del mundo auguraron que seria mejor que 2010, el del tigre. Los mas optimistas pronosticaron que las turbulencias económicas se apaciguarían. Erraron: el año que pasó fue aun mas llenos de sobresaltos que el
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Según el horóscopo chino, el que acaba de pasar fue el año del conejo o la liebre. Los astrólogos mas reputados del mundo auguraron que seria mejor que 2010, el del tigre. Los mas optimistas pronosticaron que las turbulencias económicas se apaciguarían. Erraron: el año que pasó fue aun mas llenos de sobresaltos que el anterior. Pero aun así, para algunos actores las cosas salieron mejor. Es el caso del gobierno, y mas en general, de la derecha chilena. Para ambos 2011 fue un buen año.</p>
<p>En el año del conejo el horóscopo chino anunciaba que un cambio podía ser positivo, pues en las épocas difíciles es cuando hay que sacar el carácter. Así ocurrió con el gobierno. En el curso del año que paso éste se recompuso de un modo radical. Fuera los Phd, los pendrives y los power points, y bienvenidos los políticos de tomo y lomo, reclutados directamente desde los curules del senado. Fuera, también, con los escrúpulos respecto a los que habían sido colaboradores de Pinochet: tenerlos fuera del gobierno resultaba mucho mas peligrosos que tenerlos dentro.</p>
<p>Los resultados han sido notablemente positivos. El gobierno se desrobotizó. Se volvió más imperfecto, más natural, más humano. Más diverso también, con un presidente menos protagónico por efecto de la centralidad alcanzada por algunos de los nuevos ministros. Estos se ven resueltos a impulsar agendas propias que no estaban en ningún pendrive, y duchos en el arte de la política y los medios, no necesitan de power points para colocar sus ideas. Pablo Longueira, por ejemplo, ha dado al Ministerio de Economía un peso en la estructura de gobierno que no tenia desde los tiempos de Allende, cuando este puesto era ocupado por Pedro Vuskovic. Lo mismo se puede decir de Mathei en Trabajo, de Allamand en defensa y relaciones vecinales, y de Chadwick, quien sin aspavientos y soportando las pataletas de algunos de sus colegas, ha tomado en sus manos la articulación política. Los políticos de derecha, en suma, se tomaron un gobierno que, hasta su llegada, era única y exclusivamente del Presidente Piñera. Los conejos dominaron al tigre.</p>
<p>La &#8220;revolución de los conejos&#8221; tuvo un efecto domino sobre el gabinete. Incluso los ministros que venían de una trayectoria empresarial se fueron soltando y adquiriendo un talante mas político. Es curioso verlos: se sienten cada vez mas confortables con este nuevo papel. Aunque el giro en cuestión tuvo damnificados. Muchos jóvenes profesionales que habían entrado al gobierno seducidos por una &#8220;nueva forma de gobernar&#8221; que daba la espalda a los políticos y a la política, se sintieron desilusionados y corrieron de vuelta al sector privado. Esto confirmó, lamentablemente, lo que algunos siempre han advertido: que en la cultura de derechas de los nuevos tiempos, el espíritu publico tiene mecha corta.</p>
<p>Con el giro que ha dado el gobierno, y los resultados alcanzados, la derecha ha experimentado un cambio importante. Se ha re-enamorado de la política; de ese arte en el que se mezclan la voluntad, la seducción y la negociación. Se ha fascinado con el manejo de Estado: con su tradición, pero sobre todo con su poder, incomparablemente superior al de cualquier empresa privada. La derecha se esta reencontrando con su ethos originario, el que fuera arrasado por la ideología economicista que se impuso en su seno en los 70; un ethos que reconoce la grandiosidad que encierra el servicio publico, la valía inconmensurable de las retribuciones no monetarias, y el respeto a las tradiciones frente al discurso prepotente de la ciencia.</p>
<p>El horóscopo chino indica que 2012 es el año del dragón. Ojalá éste no trate, como el tigre, devorar a los conejos.</p>
<h6>Imagen extraída de: <a href="http://www.lavozdevalpo.cl/asite/2011/12/29/longueria-y-sus-dichos-por-cambio-de-gabinete-fue-un-lapsus-de-vacaciones/">http://www.lavozdevalpo.cl/asite/2011/12/29/longueria-y-sus-dichos-por-cambio-de-gabinete-fue-un-lapsus-de-vacaciones/</a></h6>
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		<title>Tengo un amigo comunista</title>
		<link>http://eugeniotironi.cl/2011/12/tengo-un-amigo-comunista/</link>
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		<pubDate>Tue, 20 Dec 2011 16:17:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>

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		<description><![CDATA[El mejor indicador de cómo ha cambiado la sociedad chilena en este año que se acaba está en los comunistas. Hasta ayer eran mirados como una amenaza para el sistema. Hoy son vistos -y acusados- como sus salvadores. Menudo cambio. El 21 de mayo el Presidente anunció que 2011 sería el año de la educación
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El mejor indicador de cómo ha cambiado la sociedad chilena en este año que se acaba está en los comunistas. Hasta ayer eran mirados como una amenaza para el sistema. Hoy son vistos -y acusados- como sus salvadores. Menudo cambio.</p>
<p style="text-align: justify;">El 21 de mayo el Presidente anunció que 2011 sería el año de la educación superior. Lo fue. Pero la iniciativa no provino del Gobierno, sino de estudiantes y profesores, que se alzaron en una movilización que duró casi todo el año. A la cabeza de ambos grupos estaban los comunistas. Que dominaran el Colegio de Profesores no llama la atención, pues los docentes no representan propiamente la mutación experimentada por el país en los últimos decenios. Lo que no estaba en los cálculos de nadie es que los comunistas encabezaron a estos hijos predilectos de nuestra modernización, como son los estudiantes. Menos aún que una corriente del siglo XX, y que se suponía había muerto con aquél, liderara la gran causa del siglo XXI: la educación.</p>
<p style="text-align: justify;">El ministro Lavín lo sabía. Con los comunistas se podía negociar y alcanzar acuerdos. Estuvo cerca de lograrlo. Pero fue saboteado desde La Moneda. Con mucho menos de lo que el Gobierno terminó entregando, Lavín y los comunistas le habrían ahorrado al país muchos trastornos. Pero no: en las altas cúpulas gubernamentales había más interés en satanizar a los comunistas que en dar una salida al conflicto educacional.</p>
<p style="text-align: justify;">Respecto de los comunistas, la Concertación dio un paso capital cuando en 2009 selló un pacto que les permitió acceder al Congreso. El paso siguiente, señaló su presidente, el diputado Teillier, es alcanzar un pacto más amplio que les permita acceder al Gobierno. Un avance en tal dirección fue la conformación de un frente común Concertación-PC en la discusión del presupuesto, el cual permitió incorporar a las negociaciones a los líderes estudiantiles. El ministro Bulnes estuvo nuevamente muy cerca de llegar a un acuerdo, ahora más amplio, y con eso descomprimir el difícil 2012; pero la intención nuevamente abortó por intransigencias de último minuto.</p>
<p style="text-align: justify;">Si se presta atención a las declaraciones que emite con regularidad el ministro del Interior, él calcula que al Gobierno le conviene un clima de polarización. De ahí que se dedique persistentemente a espolearla por la vía de estigmatizar a ciertos actores, entre ellos los comunistas. Cuando Camila Vallejo perdió ante un contrincante que acusó a los comunistas de &#8220;venderse&#8221; al sistema, abrió champagne. Se dio lo que quería: comunistas derrotados y, de paso, una radicalización del conflicto estudiantil bajo un nuevo liderazgo marcadamente antiinstitucional.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero lo que es bueno para Hinzpeter no es necesariamente lo mejor para el país. Ante un orden social cuestionado, instituciones políticas desbordadas y una crisis económica que ya toca las fronteras, ¿no será hora de reforzar los canales de diálogo en vez de polarizar aún más la situación? Si éste es el caso, la inclusión de los comunistas puede ser clave: aunque sean pocos, disponen de legitimidad y de raíces en movimientos sociales críticos, entre ellos el estudiantil y laboral.</p>
<p style="text-align: justify;">Si alguien está preocupado realmente de &#8220;cuidar el sistema&#8221;, más le valdría entonces acercarse a los comunistas. Es lo que está ocurriendo en los círculos académicos y políticos. También en los empresariales, pues un sindicato dirigido por militantes comunistas con los que se puede negociar es de lejos preferible a estar sometidos a la incertidumbre de movilizaciones incitadas por grupúsculos anarquistas. Quién lo iba a imaginar: en el año 2012, lo que la lleva es tener un amigo comunista.</p>
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		<title>“Los ‘Chicagos’ en Chile se convirtieron en más economicistas que los propios marxistas”</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Dec 2011 13:28:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Prensa]]></category>

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		<description><![CDATA[Entrevista publicada por el Diario Financiero el viernes 16 de diciembre. Aún se siente parte de la Concertación, pero cree que el bloque está recurriendo a Michelle Bachelet en “un ritual sin contenido” y que en el encuentro de la ex presidenta y los partidos “van a volar plumas”. Por Patricia Arancibia Clavel?. Eugenio Tironi Barrios
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Entrevista publicada por el Diario Financiero el viernes 16 de diciembre.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Aún se siente parte de la Concertación, pero cree que el bloque está recurriendo a Michelle Bachelet en “un ritual sin contenido” y que en el encuentro de la ex presidenta y los partidos “van a volar plumas”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Por Patricia Arancibia Clavel?. Eugenio Tironi Barrios (60) nos vuelve a sorprender con la publicación de un nuevo libro: “Abierta: Gestión de controversias y justificaciones”. Agudo, punzante, irónico, no usa anestesia a la hora de ocupar el bisturí para hacer la disección del momento que vive Chile. Analista de fuste de nuestra realidad socio-política, su pensamiento y reflexiones no dejan indiferente ni a la clase política ni empresarial que lo sigue, pese a su permanente posición crítica. Bien dispuesto al diálogo, conversamos en torno a un café, sin prisa pero también sin pausa.</p>
<p style="text-align: justify;">- Este ha sido un año productivo: ¿esperas tanta controversia con el nuevo libro como con “¿Por qué no me quieren?”?</p>
<p style="text-align: justify;">- Ojalá. Este último lo vengo trabajando hace un par de años y es un rediseño de mis propias bases conceptuales y de lo que hacemos en la empresa que dirijo. Si bien puede parecer un libro técnico, es muy personal e integra muchas facetas y experiencias de mi vida emocional, profesional, valórica. No sé todavía cómo será clasificado en las librerías: si en política, sicología, empresa, autoayuda o sociología.</p>
<p style="text-align: justify;">- ¿Cuál es la tesis de fondo?<br />
- Que -con pavor de algunos- ya no podemos comprender nuestro mundo a partir ni de las leyes divinas ni de las leyes de la ciencia, que fueron -durante siglos- los referentes de las certidumbres que necesitamos y buscamos obsesivamente como seres humanos. Que debemos construir certidumbres aceptando que siempre serán provisorias y que éstas se construyen colectivamente.</p>
<p style="text-align: justify;">- ¿Cómo aterrizas este planteamiento a la realidad actual chilena?<br />
- Como sociedad, hemos construido mitos y modelos que hemos revestido de una jerga, autoridad y metodología que las convierten en verdades absolutas. Por ejemplo, en estas últimas décadas hemos creído a pie juntillas en la “ley del mercado” pero hoy ésta no es capaz de dar cuenta de sus desbordes. Los mitos se derrumban, y con ello, nuestras justificaciones y narrativas. Es necesario revisar y aceptar que las “verdades absolutas” y hasta las “leyes naturales” están siempre imbricadas con las creencias.</p>
<p style="text-align: justify;">- ¿Cuál es el principal mito que se está derrumbando hoy en Chile?<br />
- Que las cosas ocurren de acuerdo a las leyes de la economía y que incluso el amor y la felicidad se pueden llevar a una métrica costo/beneficio. Los “Chicagos” en Chile se convirtieron en más economicistas que los propios marxistas, dándole a su creencia en el modelo económico un marco interpretativo que les permitía una justificación satisfactoria y cómoda de sus actos pues se basaba en leyes naturales. Llevamos más de 30 años renunciando a la política a favor de los expertos en políticas públicas y economistas, pues la creencia en la “razón económica” permeó también a todos los gobiernos de la Concertación.</p>
<p style="text-align: justify;">- ¿Incluso el de Michelle Bachelet?<br />
- Por supuesto. Prueba de ello es que cuando la gente le pedía alguna medida específica, ella respondía que lo haría encantada, pero que su ministro de Hacienda no se lo permitía. A su vez, el ministro decía que también lo haría encantado, pero que no podía porque no sabía cómo reaccionarían los mercados. Es la abdicación de la voluntad o el deseo -que es lo propio de la política- ante las así llamadas leyes económicas. Y a los políticos les fue muy cómodo aceptarlo porque se apelaba a “lo sagrado”. Esa misma creencia condujo a que el primer gobierno de Piñera, el del “pendrive”, desplazara a los políticos por técnicos. Ellos, se pensó, solucionarían todos los males del país…</p>
<p style="text-align: justify;">- ¿Por qué hablas del primer gobierno de Piñera, hay acaso un segundo?<br />
- Sin duda. Este gobierno ha tenido un giro copernicano desde que Chadwick y Longueira entraron al gabinete. La UDI se tomó La Moneda y Hinzpeter sólo queda como “niño símbolo”. Nadie ha derrumbado más el mito del valor de las leyes económicas que este segundo gobierno. Éste acabó con la dimensión sagrada y mitológica del mal llamado “modelo”, al cual por años nos sometimos todos. Por ejemplo, profanó el dogma que el alza de impuestos conduce a menor inversión, crecimiento y a mayor desempleo. O que el gasto público tiene que estar focalizado en los más pobres: todas sus iniciativas sociales están focalizadas a la clase media: post-natal, 7%, los cambios en la universidad. O con Barrancones, que las decisiones ambientales son técnicas. O que el Estado tenía que retirarse de la minería… y suma y sigue.</p>
<p style="text-align: justify;">- ¿Longueira desplazó a Hinzpeter?<br />
- Si yo quiero saber para donde va el gobierno escucho a Longueira. Todo lo que él dijo cuando entró como ministro se ha venido cumpliendo. Creo que desde (Pedro) Vuskovic que no había un ministro de Economía tan poderoso como Longueira. En la historia post-90, ésta es la administración que tiene más políticos en ejercicio dentro del gabinete.</p>
<p style="text-align: justify;">- Y ¿cómo evalúas este cambio?<br />
- Como extraordinariamente positivo. Nos ha hecho una sociedad con menos tabúes, menos dogmas, menos “modelos”, y por lo mismo más reflexiva y creativa. Si el presidente desahució Barrancones y se salta la Corema, ¿por qué la gente en las calles no puede suspender HidroAysén? Si el gobierno subió los impuestos el 2010 y no pasó nada con las empresas, ¿porqué no subir otros? Si Codelco recurrió a Raimundo Espinoza, el demonizado dirigente de los trabajadores del cobre, para avalar su postura frente a Los Bronces, ¿por qué no reforzamos la legislación pro-sindical? No eran tan malos los sindicatos entonces y tampoco es tan malo que el Estado tenga la principal minera del cobre… Lo que digo es que este gobierno ha corrido la frontera de lo posible, nos ha vuelto más adultos. No sé si era esto lo que pretendía, pero este ha sido el resultado.</p>
<p style="text-align: justify;">- No deja de ser paradójico que el gobierno haya privilegiado a los políticos sobre los técnicos, cuando la clase política en general está tan desprestigiada…<br />
- Los cambios de los que hablamos aquí se han realizado a pesar de los políticos, no a partir de los políticos. Hay un gran retraso en la clase política. Ésta no se ha sentado a reflexionar sobre todo esto que está pasando. Mucho más sensible a estos cambios ha sido el mundo de la empresa.</p>
<p style="text-align: justify;">- ¿Cuáles son tus argumentos para esa afirmación?<br />
- Veamos el recambio generacional: basta analizar el promedio de edad de los ejecutivos de las empresa con el promedio de edad de los parlamentarios; el número de mujeres; el grado de reflexibilidad; la disposición a recoger información, interpretarla, conversarla y dejarse transformar por ella. Eso es algo que se vive todos los días en el mundo de la empresa y no en el mundo de la política.</p>
<p style="text-align: justify;">- Pero los empresarios han sido poco dados a comunicar lo que hacen y no han expresado con claridad su adecuación a los nuevos tiempos…<br />
- Hay una especie de disociación entre lo que es el mundo de las empresas, que posee estas características mucho más innovadoras y dinámicas que el mundo de la política, con los empresarios como grupo social. Cuando se corporativizan y hablan como tales, usan todavía el mismo lenguaje y la misma justificación de los tiempos de la Guerra Fría, polarizando Estado vs. Mercado, capitalismo tipo EEUU vs. el europeo, al que ven como una amenaza monstruosa.</p>
<p style="text-align: justify;">- ¿Cómo enfrentas tu “doble militancia”? Por un lado, trabajando codo a codo con los empresarios y por otro, haciéndoles fuertes y ácidas críticas…<br />
- No hay doble militancia. Yo soy un empresario. De hecho, en torno a mí trabajan más de 100 personas. Lo que “vendemos” son dispositivos para aumentar la capacidad reflexiva de las empresas. Esto implica mantener e incentivar el espíritu crítico sin el cual no hay innovación, creatividad ni adaptación. Este es mi negocio, para usar la jerga económica. O mi vocación, si se prefiere. Si yo les llevara el amén mi labor no tendría sentido. Para eso que contraten a un bufón.</p>
<p style="text-align: justify;">- ¿Ha mejorado la relación empresa/política?<br />
- Me encanta ver a un Longueira, un Allamand o una Matthei tener que gobernar en democracia y conocer los límites que ello implica. Me encanta ver cómo se han venido enamorando del Estado, al igual como la Concertación lo hizo del mercado cuando le tocó gobernar. Esto está produciendo más cercanía entre las dos élites, como también entre el mundo empresarial y el político. Ya no es algo abstracto, son experiencias comunes. Antes, la división era fuerte y estaban en una especie de guerra civil permanente.</p>
<p style="text-align: justify;">- ¿Cuánto de esta nueva arquitectura conceptual del gobierno de Piñera se basa en los gobiernos concertacionistas?<br />
- Casi todo. De hecho está usando el método Bachelet. Prueba de ello es que tiene funcionando más comisiones que Bachelet, tirando a la basura la idea que este sería un gobierno de decisiones y no de comisiones. Ahora está hablando de reforma tributaria, que es tan importante como cambiar la Constitución, proponiendo a un grupo transversal para que la estudie, que supongo no será de puros economistas, pues toda estructura tributaria descansa en supuestos morales, y es sobre ello que hay que discutir y concordar antes de llamar a los técnicos. El gobierno está aprendiendo a dialogar, lo que es excelente. Diría que hay una especie de conversión de este gobierno al bacheletismo.</p>
<p style="text-align: justify;">- Y en este nuevo escenario, ¿en qué pie está la Concertación?<br />
- Ufff! La Concertación nunca entendió lo que fue el gobierno de Bachelet, el cual inició la ruptura con el reinado de los expertos. Recordemos cuando en relación al Transantiago, ella dijo que se arrepentía de haberle hecho caso a su intuición. Era una reivindicación tácita de la política, que consiste justamente en dejarse llevar por la intuición. En esto consiste en realidad el liderazgo y la innovación. El empresario exitoso es el que sigue su intuición: el que la reprime es un administrador. La Concertación no entendió lo que nació con Bachelet, y por eso nombró a Frei de candidato. Creo que todavía no lo entiende. Se ha resistido a realizar una renovación de su arquitectura, de su matriz conceptual.</p>
<p style="text-align: justify;">- Pero ahora la Concertación está volcada a Bachelet, como su tabla de salvación…<br />
- Claro, es como comulgar pero sin haber hecho el proceso previo de constricción, que pasa por la confesión donde se reconocen las culpas anteriores. En mi libro “Radiografía de una derrota”, busqué explicar por qué la Concertación llegó a ese estado patético. Porque seamos claros: aquí no ganó Piñera; perdió la Concertación. Nunca he recibido críticas tan duras. Se tomó como un sacrilegio. El senador Frei dijo que no lo iba a leer. Altos dirigentes políticos me acusaron de traición, deslealtad. Y todo lo que estaba diciendo es que la Concertación -de la que me siento parte- no había entendido el fenómeno Bachelet, y por eso perdió. Ella produjo un cambio profundo en la sociedad que la Concertación, en vez de proyectarlo, buscó clausurar.</p>
<p style="text-align: justify;">- ¿La ves como candidata presidencial?<br />
- Creo que hoy la Concertación recurre a ella en un ritual sin contenido. Pero Bachelet, sin embargo, tiene el sartén por el mango. Por lo que le he leído, ella ha venido conceptualizando su propio fenómeno. Es indicativo que su fundación tenga el nombre de Dialoga. Veremos ahora qué pasa cuando se produzca su encuentro con los dirigentes concertacionistas. Van a volar plumas. Si yo estuviera en su posición, pondría condiciones realmente drásticas para ser candidata. Exigiría un cambio total de arquitectura, de base conceptual, de nombre, de personas, de estilo. Para que tenga sentido su candidatura tiene que reposarse en una nueva coalición cultural y generacional. De lo contrario su regreso será una pantomima, no una gesta épica.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>“Quien entró al gobierno con Piñera fue la nueva élite empresarial”</strong><br />
- Se critica a Piñera por creer que dirigir un gobierno es como dirigir una empresa…<br />
- No soy de los que ven al mundo empresarial, o al de la política, en el campo del pecado. Soy partidario de introducir la política en las empresas y las empresas en la política. De romper ese “muro de Berlín” en que por un lado están los santos y en el otro los pecadores. Me gusta que las personas que vienen de la empresa se metan en el Estado, busquen utilizar sus metodologías, e introduzcan sus mejores prácticas. En lo que discrepo es que unos u otros lleguen al otro campo con la mentalidad de los cruzados frente a los herejes. Ese fue el error del primer gobierno de Piñera. Llegó con la idea mesiánica de que como conocían las leyes económicas y habían tenido éxito en los negocios, en un dos por tres iban a cambiar la gestión del Estado, recibiendo el aplauso de la ciudadanía. No ha sido así.<br />
- ¿El error fue llegar con muchos técnicos?<br />
- Quien entró al gobierno con Piñera no fue la derecha, fue la nueva élite empresarial post-90 que hizo fortuna con la Concertación. Ese grupo fue el que hizo la OPA sobre La Moneda, dejando de lado a las familias con más prosapia, a los políticos y a la UDI, cuyos dirigentes habían hecho el servicio militar en el régimen de Pinochet. A todos ellos los mandó para la casa. Que ese grupo tomara el gobierno ha sido bueno para el país, si se piensa en el largo plazo. El hecho que la elite empresarial haya tenido acceso a esa experiencia, de pasearse por La Moneda, de sentirla propia, y darse cuenta de la magnitud inmensa de los problemas que enfrenta un gobierno, fue algo positivo. Conocieron la frustración de no ser comprendidos y a su vez, la satisfacción de alcanzar pequeños logros, pero que benefician a millones. Aprendieron lo que son las retribuciones no económicas.</p>
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